Aromaterapia científica

UNA PRODIGIOSA TERAPIA NATURAL POR DESCUBRIR
Por Maurice Nicole, aromaterapéuta, fundador del Instituto de Aromaterapia Científica en el Quebec.

¿Qué es la aromaterapia científica?
La aromaterapia científica es el uso de aceites esenciales auténticos con fines terapéuticos, definidos según criterios de calidad rigurosos.

Se apoya en datos científicos sólidos, confirmados tanto por el laboratorio como por la clínica. Su uso se apoya en la relación estructura/actividad, es decir en la relación que existe entre los compuestos químicos de los aceites esenciales y sus actividades terapéuticas.

De hecho, todo lo que los medicamentos usuales (antibióticos, corticoídes, analgésicos, etc.) hacen, los aceites esenciales también lo hacen, y muchas veces mejor y sin efectos segundarios indeseables. Es una bioterapia molecular de calidad superior que conlleva varias ventajas distintivas:

– 100% natural y biocompatible
– Eficaz, rápida y fiable
– Segura (si es usada correctamente)
– Ningún o pocos efectos segundarios o contra-indicaciones
– Puede completar todas las demás terapias o estar asociadas a ellas
– Tratamiento altamente personalizado, adaptado a las necesidades individuales
– Campo de intervención muy extenso, múltiples propiedades

La aromaterapia científica no tiene nada que ver con la concepción popular y comercial vehiculada por los medias de comunicación habituales, los periódicos y la multitud de libros insignificantes que le son dedicados. En este caso sería mejor hablar de aromaterapia “light”. Las informaciones y las indicaciones que provienen de tales fuentes son confusas, imprecisas o peor aún sin fundamentos. Son la causa de numerosos fracasos, incidentes o accidentes deplorables.

 

Además, la mayoría de aceites esenciales que encontramos hoy en el mercado vendidos como “100% puros y naturales”, son frecuentemente extractos aromáticos de calidad mediocre, incompletos, adulterados, reconstituidos, etc; por consecuencia impropios para el uso medicinal.

Finalmente, contrariamente a lo que se piensa, el olor de los aceites esenciales no tiene la importancia que se le atribuye. El efecto psico-olfativo no se debe menospreciar sin embargo lo más importante es la cantidad y la calidad de las moléculas aromáticas introducidas en el organismo por las diferentes vías de administración posibles: vía oral, rectal, cutánea, respiratoria y vaginal.

A título de ejemplo, el Dr. Gerhard Buchbauer ha demostrado el efecto cortico-cerebral del 1,8 cineol (eucaliptol), un óxido que encontramos en numerosos aceites esenciales, inhalado por una persona que no tiene sentido del olfato.

Un poco de historia
Los aceites esenciales y las plantas aromáticas de los cuales derivan, son reconocidos por sus potentes virtudes y son utilizados, bajo una forma u otra, desde hace miles de años.

La aromaterapia se ha desarrollado alrededor de tres grandes ejes geográficos: la India, la China y la cuenca mediterránea. Nos han legado procedimientos y conocimientos cuya validez sigue actual y cuyas huellas se remontan a más de 5000 años antes de nuestra era.

Así, en la India, hace más de 7000 años, las aguas aromáticas se usaban para tratar el cuerpo y la mente. Hace 3000 años el Rig-Veda y el Sucrutasamhita proponían numerosas fórmulas para el baño y para los masajes en las cuales figuraban la canela, la mirra, el cardamomo, el cilantro, el jengibre y varias plantas aromáticas más.

En China, hacia el 3500 antes de J-C, a lo largo del río amarillo, las maderas aromáticas se usaban como incienso.

En Mesopotamia, una inscripción cuyo origen se remonta a más de 4000 años menciona el uso de los aceites aromáticos en el marco de rituales religiosos y para combatir epidemias.

Es en Egipto, entre 3000 y 2000 ante de J-C cuando la aromaterapia conoció el más amplio desarrollo. En aquella época, se sabe que un método rudimentario de destilación era usado y que los médicos recurrían a los aceites esenciales para curar distintas enfermedades. Vinos aromáticos eran también usados por sus virtudes anestésicas. Los egipcios usaron ampliamente los aceites esenciales para realizar los embalsamamientos de los difuntos (momias) y en particular usaban el cedro y la albahaca.

Más adelante, los hebreos, los griegos, los romanos y los árabes, enriquecieron la aromaterapia con sus aportaciones respectivas, tal como lo atestiguan numerosos tratados de fitoterapia, libros de historia y escritos sagrados legados por estos pueblos y civilizaciones. Entre otros, recordemos que Hipócrates luchó con éxito contra una epidemia de peste en Atenas haciendo quemar lavanda, romero, hisopo y ajedrea.

Se les atribuye a los persas el invento de la destilación. Hacia el año 1000 después de J-C, Avicena afinó la técnica y produjo el primer aceite esencial puro de rosa, rosa centifolia.

En la Edad-Media, durante las cruzadas, los cruzados trajeron a Europa el arte de la destilación y la tradición alquímica. Fueron médicos alquimistas europeos los que, por entonces, realizaron los mejores estudios sobre las plantas aromáticas profundizando en los conocimientos legados por los médicos de la antigüedad. El nombre aromaterii dado a los apoticarios hacia el siglo XY da una idea del lugar ocupado por las plantas aromáticas y sus extractos en la medicina de la época.

Hacia el final del siglo XVI, se usan más de 100 aceites esenciales para tratar desordenes bien definidos. Sin embargo, hasta finales del siglo XIX y del principio del siglo XX  no se estudiaron seriamente sus compuestos y sus actividades farmacológicas.

Francia ocupa el primer lugar en la historia moderna de la aromaterapia.
Fue un químico de Lyon, René Maurice Gattefossé quien en 1928 creó el término “aromaterapia”. Es legítimamente reconocido como el padre de la aromaterapia moderna. Publicó numerosos libros y estudios científicos.
Igualmente en la región de Lyon, Sévelinge consagro su vida al desarrollo de la aromaterapia no sólo en medicina humana sino también en la veterinaria.
La escuela francesa fue retomada por el médico Jean Vanet quien contribuyó ampliamente a popularizar el uso de los aceites esenciales en el campo de la medicina. Su obra “Aromaterapia”, publicada en los años 60, despertó un gran interés por los aceites esenciales en el público.
Posteriormente médicos tales como J-C Lapraz, C. Duraffours, P. Belaich y otros más llevaron a cabo profundos estudios principalmente sobre la actividad anti infecciosa de los aceites esenciales.

En los años 80, un equipo vanguardista de médicos, farmacéuticos y biólogos, bajo la influencia de Pierre Franchomme, investigador y del Dr. Daniel Pénoël, médico, realizó estudios y sucitó avanzadas investigaciones en aromaterapia. La síntesis de este trabajo científico dio nacimiento a la medicina aromática y está plasmada en el libro “la aromaterapia exactamente” publicado en 1990, obra maestra de Franchomme y Pénoël, fuente y referencia por excelencia para el uso medicinal de los aceites esenciales.

Las propiedades terapéuticas de los aceites esenciales
El gran interés de los aceites esenciales reside en su gran eficacia y en sus múltiples propiedades. Existen aproximadamente 300 aceites esenciales destilados con fines terapéuticos, y se pueden agrupar dentro de quince familias terapéuticas definidas en función de sus propiedades.
Ver cuadro de propiedades terapéuticas al final del artículo.

Para concluir
Las investigaciones y las observaciones clínicas llevada a cabo hasta hoy a través del mundo, han consagrado la extraordinaria eficacia de la aromaterapia. En muchos casos, y concretamente en los de las enfermedades infecciosas, la aromaterapia ha resultado superior en eficacia frente al abordaje alopático sobretodo en cuanto a la resistencia de las bacterias, la rapidez de acción, la ausencia de efectos segundarios, la acción directa contra los virus, la protección de la flora intestinal y la regulación del sistema inmunitario.

En muchos otros casos (dermatosis, artritis, desordenes hormonales, alergias, problemas cardiovasculares, etc.) la aromaterapia puede completar o sustituir ventajosamente los medicamentos usuales y ayudar a corregir las causas profundas de los desiquilibrio subyacente.

En más casos aún (sida, cáncer, esclerosis múltiple, etc.), la aromaterapia, sin hacer milagros, trae nuevas soluciones esperanzadoras y capaces, al menos, de mejorar significadamente la calidad de vida de las personas que padecen estas enfermedades.

No hay dudas de que las actuales investigaciones nos desvelarán nuevas aplicaciones para los aceites esenciales. Por ahora la aromaterapia pone a disposición de terapeutas y enfermos del mundo entero un tesoro insospechado. Desgraciadamente, dos obstáculos limitan el acceso a este tesoro: los escasos aceites esenciales auténticos disponibles en el mercado y la falta de información o bien información fiable en cuanto al uso que se puede hacer.
 

 

 

 

Después de Gattefossé, Marguerite Maury inició una corriente mas orientada hacia la belleza, el bienestar y al alargamiento de la juventud. Se implanto fuertemente en Inglaterra y en el mundo anglosajón. Esta corriente floreciente ha quedado ajena al mundo médico hasta ahora.

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